La crisis economica es mundial, aunque afecte más a unos que a otros. También es universal esa sensación de que ya no somos los mismos, como si por el simple hecho de no tener trabajo ya fuesemos distintos.
Una amiga que vive en otro país me pidió que escribiera al respecto. Dice que ve profesionales, gente cualificada que va en el metro con la mirada perdida, perdidos ellos mismos, como si la etiqueta de "empleado" fuese su propia identidad, como un perro que perdió a su dueño. Yo también los veo en la calle y yo misma me senti así el día que me echaron. Está tan fuertemente arraigado en la sociedad que debes tener un trabajo para ser útil, que parece que si no lo tienes es como si pasaras a otra categoria y toda la experiencia y preparación se hubiese ido con el empleo.
Pero no hay que confundir lo que hacemos con lo que somos. Lo que hacemos es solo una etiqueta temporal, que hoy puede tener escrito "Consultor" y mañana "Constructor", y que no te va a convertir en alguien menos inteligente, menos alegre, menos cariñoso, peor persona, etc.
Esta vez en lugar de un chiste los dejo con una historia que viene a colación de lo que he comentado y aparece en un libro muy interesante que me permito recomendarles. Se llama "Ligero de equipaje" y lo escribe Carlos G. Vallés S.J. (Editorial Sal Terrae).
La historia va así:
<<Un pastor apacentaba su rebaño en el campo cuando un forastero se acercó y comenzó a preguntarle sobre las ovejas. 'Dime' le preguntó, 'Cuánto andan tus ovejas en un día aproximadamente' El pastor contestó '¿Se refiere usted a las blancas o a las negras?'- 'Digamos a las blancas'. - 'Unos cuatro kilometros' - '¿Y las negras?' -'Unos cuatro kilometros'. El forastero volvió a a preguntar: '¿Y como cuánto comen?' - '¿Se refiere usted a las blancas o a las negras?' -'Las blancas'. -'Como tres kilos de hierba' -'¿Y las negras?' - 'Como tres kilos'. El forastero comenzaba a escamarse, pero siguió preguntando: '¿Y cuánta lana dan tus ovejas?' Al pastor no se le olvidó precisar una vez más: '¿las blancas o las negras?' -'Veamos las blancas primero' - 'cinco medidas al año, señor'. -'¿Y las negras?' -'Cinco medidas'. Con eso se acabó la paciecia del forastero, que exclamó con justificada indignación y sorpresa: '¿Es que me estás tomando el pelo, o qué? Yo te hago preguntas bien claras y directas sobre tus ovejas, y tu cada vez me haces decir que a ver si las blancas o las negras; y cuando te pregunto por separado, me das siempre exactamente la misma respuesta para las unas y para las otras. Dime de una vez: ¿hay alguna diferencia entre las blancas y las negras o no?'. -'Claro que sí, señor' con la serena sonrisa de la sabiduría campesina en los labios, '¡Las ovejas blancas son´mías!' - '¿Y las negras?', preguntó el forastero para satisfacer una última curiosidad. El pastor sin perder la sonrisa, contestó: 'Las negras también son mías, señor'. >>
Feliz semana